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minero

La Comarca de Andorra Sierra de Arcos ha sido históricamente una zona de explotación minera. En muchos sitios pueden apreciarse las minas a cielo abierto, bocas de carbón que recuerdan la importancia que tuvo y sigue teniendo la extracción de mineral combustible, una de las riquezas de Teruel junto a la central térmica de Endesa.

Crivillén no es ajeno a esta circunstancia, históricamente sus pobladores trabajaban en el campo o en el sector minero y en la actualidad el Ayuntamiento arrienda terrenos municipales a dos empresas de explotación minera, la Portomé y la Sabater.

A continuación se reproduce un artículo aparecido en la circular parroquial "Junto al Olivar" que hace referencia la tema minero y data de diciembre de 1972, un poema del año 1979 y otro articulo sobre la historia de la minería en nuestra Comarca extraído de celandigital.

 

 

las minas

 

poema

 

 

 

Historia de la Minería en la Comarca Andorra-Sierra de Arcos

 

Hablar de minería en general en esta Comarca, es hablar en un alto porcentaje de minería de carbón, ya que ha sido el mineral extraído en mayor proporción, no hay pueblo de los que componen dicha Comarca que dentro de su término municipal no haya tenido alguna explotación minera.

Su aparición, desarrollo y declive sigue una pauta muy parecida a la que se ha seguido en otras zonas del país, y en mayor medida en las cuencas mineras limítrofes dentro de la provincia de Teruel, se puede decir que ha sido la cronología en los acontecimientos la que ha diferenciado unas zonas de otras.

El origen de esta minería aparece cuando la utilización del carbón vegetal, conseguido a través de la leña, va disminuyendo por la sobreexplotación a que se estaba sometiendo los bosques, estamos hablando de la segunda mitad del siglo XVIII.

De tal forma que este tipo de combustible que había sido tradicional se estaba presentando escaso y por esta razón resultaba cada día más caro de conseguir, pero a la vez la demanda de carbón mineral despegaba, ya que su utilización era cada vez mayor por múltiples colectivos y grupos industriales de la época, incluso para el consumo doméstico; es así que la respuesta a esta creciente demanda no se hizo esperar y se puede considerar como el inicio de la explotación de varios yacimientos a escala nacional.

Serán las minorías cultas, los ilustrados de la época los que contribuyeron en especial medida al hallazgo de los yacimientos, y sobre todo a su divulgación, y que en definitiva sirvieron para potenciar estos recursos minerales gracias en gran medida a los conocimientos adquiridos, tanto por la lectura de libros científicos así como por los viajes que realizaron a otros países

antiguo trabajo en las minas
En la foto podemos apreciar como se trabajaba antiguamente en las minas y lo imprescindible que resultaba la tracción animal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fue en 1885 cuando se realiza el mapa geológico y minero de la provincia de Teruel, y en el que quedan reflejadas las zonas acotadas por sus orígenes y potenciales riquezas, y dentro de la provincia de Teruel se recogen dos cuencas muy bien diferenciadas y mas destacadas respecto al resto, a saber la cuenca minera de Utrillas y la cuenca minera de Andorra; incluso se llega a distinguir dentro de la comarca de Andorra otras dos subcuencas tales son el Val de Ariño y la de Estercuel-Gargallo.

Hay constancia que a mediados del siglo XVIII, varias familias naturales de Alloza extraían del Val de Ariño unas 5000 arrobas de alumbre y unas 4000 de caparrosa, para fabricar estos sulfatos, se aprovechaban los afloramientos de las capas de lignito con mas pirita y las arcillas alucinógenas que los acompañan, algunas de ellas con eflorescencia, ya de alumbre, ya de sulfato de hierro o de las dos sales.

Se pueden considerar a estas familias como los primeros mineros de la zona, realizaban la explotación sin denuncias, ni licencias, ni concesiones, bien porque consideraban estos trabajos como aprovechamiento común, de echo ni la Ley de Minas de 1825 ni la reformada en 1849, produjeron aquí desarrollo de la ley, pero tampoco retrocedían las explotaciones, por lo que en el segundo tercio del siglo XIX, esta industria adquirió su gran esplendor, sobre todo en la zona de Gargallo.

Mientras las familias originarias de Alloza continuaban su ritmo de explotación normal, a partir de 1870 otras familias de distintos municipios de la zona comenzaron a despertar el interés por este tipo de negocio, no había asalariados, sino que eran familias enteras las dedicadas a este menester. De tal forma que a finales del siglo XIX proliferaban por toda la zona una cantidad importante de explotaciones y de fábricas de refino.

Las fábricas de alumbre las edificaban muy próximas a las zonas de extracción, siguiendo las capas más piritosas y arcillosas, de tal forma que el coste de transporte del mineral extraído era muy insignificante.
Estas primeras explotaciones se enfrentaron a una serie de problemas, algunos de los cuales perdurarán en el tiempo: desconocimiento de las técnicas de explotación, mala calidad del carbón (porcentaje muy elevado de menudos, suciedad y escasa potencia de las capas, entre otras) y sobre todo un obstáculo fundamental, el transporte.

Se constata una baja actividad minera a comienzos del siglo XX, pero si hay que resaltar en el aspecto negativo el estado calamitoso que quedó la cuenca después de la explotación de alumbres, y contribuyeron a desmotivar las pocas iniciativas, que podía tener el empresariado, de establecerse en esta cuenca.

En cuanto al origen de las explotaciones mineras, tal y como se conocen actualmente, cabe señalar que ya antes de la Guerra Civil española se venían explotando algunas minas de esta comarca, que desde 1910 parecen estar ligadas a la saga de los Sauras andorranos y a Don Manuel Cañada Bernad, estos tenían sus explotaciones en el Val de Ariño en la zona más próxima a Andorra y Alloza, por el contrario Ricardo Taya, operaba en la zona mas próxima a Ariño, en la que se realizaron varios pozos y galerías para acceder a las capas de carbón, pero con unas expectativas muy limitadas por los medios empleados e incluso con desconocimiento de la geología de la zona.

En el paraje denominado Corral Negro, si tuvieron más éxito en cuanto a la ubicación de los planos y galerías, obteniendose buenos resultados, de tal forma que este empresario consideró un proyecto de construir una pequeña central Térmica en el término de Ariño, para abastecer de energía eléctrica las instalaciones principales y labores mineras, debido al déficit de energía que había en la zona, no acorde con la dimensión que iban tomando las explotaciones y sus necesidades.

Dentro del marco de interesante despegue industrial aragonés tiene lugar la terrible Guerra Civil española, manteniéndose desde el primer día la cuenca Andorrana leal a la República, y cabe destacar el intento de colectividad que tuvo lugar en los años 1936-1937, basándose principalmente en un proyecto de explotación común de la tierra, la abolición de la moneda de curso legal, que fue sustituida por un tipo de bono, y sobre todo la peculiar iniciativa de abrir una mina de carbón para su explotación, a la que se denominó mina La Colectividad, aunque obtuvo buenos resultados dentro de otras colectividades tanto aragonesas como catalanas, el cambio de signo político terminó con esta experiencia, dicha explotación pasaría a manos de una empresa privada.
También en Ariño se produjo la colectivización de las minas a primeros de agosto de 1936, fue en 1938, cuando estas minas volvieron a pasar de nuevo a la sociedad General Azucarera de España, que las había adquirido en 1920 a la familia Taya.

La primera edad de oro del carbón, transcurre entre los años 1940 y 1958, el sector del carbón vive un desarrollo espectacular de su producción, que tiene su explicación por la caída de las importaciones de carbón y el aumento en la demanda. Los protagonistas indiscutibles son los lignitos, ya que tenían en esa etapa histórica un régimen legal especial, en cuanto a libertad de comercialización y precios frente al control que había establecido para la hulla y antracita.

Val de Ariño
Construcción de instalaciones mineras en la Val de Ariño, la foto data de mediados de la década del cincuenta (siglo XX).

 

 

 

 

 

 

 




Con esta serie de condicionamientos es cuando tiene lugar el verdadero desarrollo de las explotaciones mineras en la comarca andorrana. Así, a la altura de 1941 las primeras explotaciones de la cuenca se hallaban en manos de diversas empresas privadas. Un año más tarde el Estado, que tras la Guerra Civil se había planteado como uno de sus objetivos prioritarios forzar la producción nacional en una serie de sectores, entre ellos el carbonífero, adquiere los yacimientos de esta comarca que estaban en mano de una empresa privada, concretamente del grupo Cross, estas minas serán La Maria y La Mercedes.

De tal forma que estos yacimientos pasan a ser explotados por le Empresa Nacional Calvo Sotelo de Combustibles Líquidos y Gaseosos (ENCASO), empresa perteneciente al Instituto Nacional de Industria (INI), organismo que se había creado por una Ley de 25 de noviembre de 1945 como instrumento subsidiario de la iniciativa privada y al servicio de la política económica autárquica de la época; esta presencia de la empresa pública se convierte en un rasgo característico y fundamental de la comarca.

Rasgo fundamental y característico en la explotación de estos yacimientos, ha sido el transporte del mineral extraído hasta los puntos de consumo, bien haya sido destinado para utilización en actividades industriales o para consumo en los hogares (calefacción y cocinas), baste decir que en ciertos momentos el transporte del mineral suponía mas del 50% del precio final en los lugares de consumo, alcanzando en muchos casos hasta un 80% y un 90% del mismo.

En los años 20 el transporte se hacia mediante carros por mulas hasta la Puebla de Hijar, donde prácticamente era consumido en su totalidad por la fabrica azucarera instalada allí, aunque hubo algúnos proyectos importantes de construcción de línea férrea para sacar el carbón extraído de la zona, ninguno llegó a concretarse en esta época.

Sin embargo en la década de los 40, el destino final del lignito que se extraía de las minas se iba a destinar principalmente para la obtención de energía eléctrica mediante su combustión en central térmica, así en 1947, se comienzan las obras del ferrocarril Andorra-Escatrón, que serviría para proveer de lignito la proyectada central térmica de Escatrón que será el destino de prácticamente la totalidad del carbón generado, y de esta forma resolver el handicap que suponía el transporte. Dicha línea de ferrocarril comienza a funcionar en 1953.
Debido a la creciente demanda se iban ampliando las explotaciones mineras en la comarca con la apertura de minas como La Oportuna, en el término de Alloza, la Andorrana, en el término de Andorra, o la Innominada entre Alloza y Ariño, esta actividad minera generó una creciente necesidad de mano de obra, cubierta por la llegada de inmigrantes procedentes de otras zonas del país.

Tras la expansión experimentada durante los año cuarenta y cincuenta, es a partir de 1958 y hasta 1973 cuando se asiste a una crisis importante del sector con una caída de la producción y como consecuencia del empleo; las causas son: por un lado la competencia de otros productos energético (gas, electricidad y petróleo), la liberación exterior mediante la supresión de aranceles que gravaban las importaciones y le evolución desfavorable de los costes de explotación, bajos niveles de productividad, aumento de cargas sociales y mejoras en la retribución de la mano de obra.

No obstante, fue inevitable que en este contexto de crisis aparecieran conflictos entre empresas y sindicatos por la fijación de las remuneraciones, hubo incidencias importantes en las dos empresas mas importantes de la zona SAMCA y ENCASO, de claro carácter reivindicativo en materia salarial.

En 1972 se produce un echo relevante en la zona, ya que el gobierno de la nación, con el claro objetivo de suavizar el grave problema social que suponía la crisis del sector, comenzó a escala nacional un proceso de traspaso de explotaciones privadas al sector público, de tal forma que las instalaciones mineras propiedad de ENCASO, pasaron a manos de la Empresa Nacional de Electricidad S.A., de tal forma que el panorama del sector carbonero quedó dibujado en cabeza con dos grandes empresas nacionales ENDESA y HUNOSA (en Asturias) y a continuación un gran número de pequeñas empresas.

Con toda esta serie de acontecimientos se entra de lleno en la segunda edad de oro del carbón que va de 1973 a 1986, la producción de lignito se multiplicaría por 8, un factor importante que contribuyó a este avance fue la mecanización de las minas de interior y como novedad se asiste a la aparición de la minería a cielo abierto de la mano de SAMCA, este tipo de explotaciones se muestran desde el comienzo mucho más productiva y rentable que la subterránea, el aspecto negativo de este cambio tecnológico se manifiesta en la reducción de la mano de obra con respecto a la minería subterránea, que irá desapareciendo lentamente.

Trabajo actual en las minas
Trabajos de minería a cielo abierto. Movimiento de estéril de recubrimiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Así tenemos que con las expectativas creadas por esta nueva forma de explotar la otra empresa importante de la zona ENDESA, comienza con esta nueva experiencia y a explotar sus concesiones mediante este método, además en algunas se da el caso de explotar las mismas capas de lignitos más someras mediante minería a cielo abierto y las zonas más profundas mediante minería subterránea coincidiendo además en el mismo tiempo.
Otro echo bastante relevante ocurre en la zona y no es otra que la construcción de la central térmica que se construye en Andorra, las obras se iniciaron en 1975 y en 1979 comenzó a funcionar, se trata de una central térmica que por potencia instalada era la tercera de España, con lo cual las viejas centrales de la zona como Aliaga y Escatrón dejaron de funcionar.

La construcción de esta central fue considerada la solución definitiva para el sector minero y en realidad así se produjo, de tal forma que a partir de este momento se puede hablar de binomio entre minería de lignito y energía eléctrica, y que además se convertirá en la base de la economía comarcal y provincial.

Con esta situación llegamos hasta comienzos de los años 90, pero en los último años de la década de los 80 y después de la entrada de España en la CEE, lo cual implicaba la aceptación del Tratado CECA, cuyo objetivo primordial era el establecimiento de un mercado común en condiciones de libre competencia, se comienza una etapa de reducción de explotaciones, unas por agotamiento de los yacimiento y otras por falta de rentabilidad, sobre todo en lo que a las minas subterráneas se refiere.

De tal forma que se llega a la situación actual en la cual, tan sólo son tres empresas las que extraen carbón en la Comarca, por un lado ENDESA, la cual ha finalizado toda actividad minera en el Val de Ariño y explota dos cortas a cielo abierto en la zona de Estercuel-Gargallo; por otro lado SAMCA, que sí continúa extrayendo lignito en el Val de Ariño, manteniendo minería subterránea y a cielo abierto; y por último queda una pequeña mina de interior en la zona de Estercuel explotada por una empresa privada Compañía General Minera.

 

Fuente: http://www.celandigital.com

 

 

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