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El Homenaje (24/25 de agosto de 1985)

 

Los días sábado 24 y domingo 25 de agosto de 1985 el pueblo de Crivillén decidió rendirle un más que merecido homenaje a su hijo predilecto. A continuación pueden ver el Programa de actos de tal ocasión, algunas fotografías tomadas en el evento, recortes de prensa, el discurso original que Pablo leyó para tal ocasión y, finalmente, algunos escritos y dibujos suyos.

 

 

 

 

 

Prensa y fotografías

 


 




El discurso

 

A continuación podemos observar el discurso que Pablo leyó el día de su homenaje, el documento está mecanografiado personalmente por Pablo Serrano y fue amablemente cedido por Esther Bielsa Aced:

 


Crivillén, 24-25 de Agosto 1985

 

Queridos amigos:

Agradecemos vivamente mis familiares presentes conmigo, esta fiesta compartida, como expresión del reconocimiento de mi labor por Crivillén, al Excmo. Alcalde Ángel Val, y a todos los miembros de la Corporación.

Vosotros sabéis que yo me resistía a esta clase de manifestaciones. Cuando vuestro alcalde me dijo, "pero bueno, y todo el trabajo que hemos hecho, ¿Qué?, y el pueblo también se iba a enfadar", la cosa era seria, mi compañera me aconsejó que no os defraudara. Os manifesté que nada tenían que agradecer, todo lo poco que hice, fué con el mayor desinterés y la mejor buena voluntad, mal ó bien, pero debo añadir en verdad, que siempree bajo el empuje de quien conocía mejor que yo vuestros problemas y necesidades, este fornudo labrador Michel, a quien es deber mío tenerle presente hoy, compartiendo esta fiesta.

"Al teléfono Don Pablo".
¿Quién es?
Michel, de Crivillén.
¿Que hay Michel?
Nada, que esto no marcha.

Un día, a construir las escuelas sin fondos. Pues cambié un busto que hice a Mariano Navarro Rubio, que en su pueblo de Daroca querían hacerle un homenaje y él era entonces Ministro de Hacienda, y se construyeron las escuelas.

"Que lo del agua para las casas y que algunos no quieren saber nada, porque creen que traerla de lejos les va a costar mucho y prefieren como antes, ir a la fuente a buscarla. El expediente en el Ministerio de Obras Públicas se había traspapelado, y lo que se pedía en él tampoco se había entendido bien. En él se hablaba de agua para riegos de un pueblo casi deshabitado. "Que no, que es agua para las casas".
"Bueno, ésto es otra cosa".
"Que la torre de la Iglesia se cae y va a haber alguna desgracia". Este trámite fué más lento. Primero había que declararla Monumento Nacional. Largísimo expediente que no voy a contar. Por suerte llegaron los diez o doce millones del Patrimonio para su restauración, un poco nueva ha quedado, pero muy bien y está significada como del estilo mudéjar y como original, dentro de las de la comarca.

Las cosas han costado. Se han hecho lo mejor posible y era una obligación el tratar de que el pueblo no viniera a menos. Mucho más merecéis los que permanentemente vivís en Crivillén, viendo como los hijos emigran, como buscan otros horizontes para su desarrollo y os dejan solos. Es ley de vida. Pero ellos añoran y vuelven, aún sin tener un palmo de tierra en propiedad que nos pertenezca, y eso si que da envidia.

Me entregáis el oro de una medalla adquirida con el sudor de vuestras manos. Os lo agradezco. Tengo a bien una historia de servicios prestados y sí, de ello, me enorgullezco. Y lo hice, por una razón de peso y muy sencilla. "Hay que devolver al surco de la tierra, la semilla que de ellos salió". ¿Acaso no es una buena razón? Y repito cuando por el mundo ando, que no soy yo quien ha emigrado, sino Crivillén en mi hombro. Tengo que explicar dónde se encuentra, Que Crevillente de Alicante, no es Crivillén que es de Teruel. Que en Crevillente, rica población, se hacen muy buenas alfombras y en Crivillén, pequeño pueblo de Teruel, se planta y se cosecha el trigo para el pan diario de la casa. Que no hay palacios ni castillos, y sí, manos callosas, abarcas de labrador, picos, palas, un pan, un vaso de vino y unos brazos abiertos en la puerta.

Pasé mi niñez en paz, en el rescoldo de una familia unida por el trabajo. Viví los primeros años de la escuela, en la que aprendí a leer los primeros renglones y los primeros números que nunca me gustaron, y también, naturalmente, las primeras travesuras propias de la edad. Las noches obscuras del invierno en la calle, con la candileja de aceite, camino a la casa del tío Antonio para pelar la panocha de maíz, unirla a otra con las hojas y colgarlas en las escaleras.

Acompañar a mi madre a la fuente con el cántaro o el botijo, o al corral, a sacarle la leche a la cabra, por no haber una vaca en el pueblo. Esa fuente a la entrada del pueblo que debéis conservar, junto al abrevadero. A llevar otras veces la merienda a la siega, a mis tíos Antonio y Rodolfo, con quienes trillaba después en la era. Todavía y por muchos años nos acompaña la tía Alicia, quien con su avanzada edad es todo un roble de fortaleza, mujer que representa toda una época pasada. Esa mujer labradora, a quien pude dedicar una de mis obras hoy en Teruel.

En aquellos años, muy niño, monaguillo con mis primos Manuel y Pedro también presentes, el Párroco Mosen Tomás vigilaba nuestros pasos y a él nosotros el vino que nos bebíamos, las velas que nos llevábamos de cera, para hacer en nuestros graneros custodias, candeleros, copones para adornar nuestros curiosos altares de encajes, estampas de santos y ángeles.

Las mismas velas para el entierro del pobre, en la parihuela común del Ayuntamiento, por no tener el difunto para pagar el cajón de madera de pino, y a la fosa común iba el féretro, con la envoltura de su última sábana o la del vecino.

Desaparecido el herrero, a cuya cadena del fuelle del aire me prendía. El molino de aceite y de harina, hay que arañar la tierra en lo más profundo, de la que sale el minero negro de carbón. Bien sabe de esto vuestro Alcalde, quien luego ha de sentarse con sus compañeros a resolver vuestros problemas diarios, y sobre la tierra, no en el pozo.

Cualquier excusa ha de servirnos para hacernos ver que existimos, que hoy es día de fiesta no de Pablo, sino de todos los que aquí estáis.

Muchas gracias a estos amigos que se han querido unir con su arte. ¿Qué mejor destino que el arte para un pueblo? Para éste, si queréis, tozudo pero noble. Gracias a nuestros cantores, Labordeta, cuya amistad es antigua y desde su niñez, cuando le conocí en casa de su hermano, el gran poeta Miguel. Gracias a Carbonel, a Hato de Foces, hombres que luchan por el ideal de la verdadera "POLÍTICA DE LA RAZÓN POÉTICA" , política en defensa de todas las libertades y utopías, contra este mundo materialista de la descarnada y dura competencia.

El desarrollo necesario de las ciencias y de las tecnologías deben de estar al servicio del poeta, para evitar que este mundo desaparezca definitivamente.


Mil gracias otra vez a todos y viva Aragón, unido.

 

 

Escritos y dedicatorias

 

 


 

Nota: Los escritos están sacados de el libro Pablo Serrano, 1908 - 1985 Las huellas del caminante, Libro de la exposición efectuada en Alcalá de Henares entre abril y mayo de 2008. La última dedicatoria pertenece a la primera página del libro La escultura de Pablo Serrano, Edurado Westerdahl, Ediciones Polígrafa. Barcelona, 1977, que amablemente nos prestó Esther Bielsa Aced. La dedicatoria fue hecha a sus padres.

 

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